A menudo hay un juego de contrastes en mis canciones. En ésta, la voz adulta se enfrenta a la post-adolescencia. O, lo que es lo mismo, la experiencia ante la inocencia. Con todas las virtudes, con todas las carencias, ambas caminan juntas hacia la playa, hacia la orilla del mar, el origen de todo. Y sueñan la una con la otra.
Como en todo mi trabajo, el juego simbólico de las imágenes es muy importante. La luz del sol que se abre paso entre las cortinas al amanecer es la verdad que nos libera de la oscuridad del invierno, de estar escondidos, o presos. Esta luz que brilla de manera tan especial en primavera.
Unas líneas más abajo, ante la presencia de alguien que parece ausente, ensimismado en sus pensamientos, la inocencia de la juventud se deja ver con picardía. Avergonzada, sonríe. Es el recuerdo, la melancolía que se despierta al encontrar la belleza en cosas que ya no recordabas, sensaciones y sentimientos que el paso del tiempo ha ido matando.
Nos hace falta poco para ser felices cuando ya los somos. Tan sólo los instrumentos de la memoria para no olvidar lo que nos hace sentir así. El camino hacia el mar al atardecer, hacia la vida, como el día que se engendra en la noche.
De algún modo, la canción es un canto a esta belleza joven, desnuda, sin retoques, sin complejos, una belleza que es salvaje y natural, que se desvanece con el paso del tiempo.
Y observo. Te observo un atardecer de primavera, desnuda y sonriendo en el agua. O bailando descalza alegremente cerca de la hoguera, hacia la noche y el sueño donde todo puede ser. Hacia el verano que acaba de llegar.
Producido y grabado en FLEXIC AUDIOVISUAL STUDIO
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